Textos
Categorías
Temas
De-construcción
formas caducas
que estuvieron vivas
que ya no son
no son
son
juegos banales
intelecto quebrado
divertido
que se transmuta
en estatua colosal
a un ego quebradizo
hueco
Las sequoyas
son amables las sequoyas
abrazan desde lo alto y te miran
entre las centellas del Sol
entrelazadas
las sequoyas
abrazan las sequoyas
y la senda amplia, pavimentada,
se extiende ante la vista,
camino del río cercano
Ciruela de plenitud
Ciruela de plenitud
estalla en sabor
fuera del tiempo
piel de brillo y terciopelo
cubierta suave, impecable
trazada de herida
ombligo anaranjado
pulpa que pugna
por rasgar la piel
Minucias y completitud
Las minucias parecen opuestas a la completitud. Por eso a veces exasperan. Nacidas del deseo legítimo de control —vivimos en un mundo pétreo y lleno de asperezas, que escapa al dominio de la mente predadora— lo cierto que la atención a las minucias convierte el entorno en manejable, cómodo, vivible. Nos transporta al confort de los animales estabulados: un tiempo de recuperación, un regodeo en los placeres sencillos, una ausencia de búsqueda de parajes más verdes, un espacio entre el sudor del esfuerzo y el hambre de la carencia.
Ríen las aguas
Rompen las aguas del mar
Cantábrico
Corren los niños
alborozados
y las aguas con fuerza
golpean sus piernas
La calma y los dragones
Todos tenemos múltiples yos escondidos en las entrañas. En cierto modo, cada uno de ellos nos empuja en una dirección, y nosotros avanzamos torpemente en un zigzag tratando de atenderlos, llevando finalmente un rumbo que más o menos aglutina lo deseado por tantos personajes —si hemos tenido la suerte de ser conscientes de todos ellos o, al menos, de una parte considerable —.
Remanso cierto
Aterrizada, recién
en este cuerpo que es andrógino
y blando
y amante amoroso
y tierno
Arrebujada
en esta pintura instantánea
que es árida y frágil
regazo me abraza
hundida
en la hondura del sueño
Creatividad
Antiguamente se pensaba que las ideas no son propiedad de nadie sino que, más bien, revoloteaban por el aire hasta encontrar una mente propicia a través de la cual colonizar un ser humano y cobrar vida través de sus manos, como si de una energía electrizante encarnada se tratara.
Reencuentro
relámpago de fuego, atraviesa la habitación
como un dardo
templanza del equinoccio, acaricia
el hálito
el pecho se expande, irradia calor interno
calor externo
se funden
Serenidad
Serenidad como sensación del cuerpo. Tras un tiempo de meditación —atención focalizada primero; abierta después— el ritmo respiratorio se pausa. El cuerpo se ablanda, consciente de la falta de amenazas. Los ojos parecen “ver” de nuevo, como si despertáramos de un sueño. La sonrisa asoma con facilidad. Y, lo más curioso, este estado del cuerpo se transforma en uno de la mente que, en cierto modo, se caracteriza por la ausencia de deseo.
Claridad
Hay días en los que la experiencia amanece teñida de claridad. ¿Qué significa esto? Que los árboles son árboles; la brisa, brisa; y las palabras de los otros, simplemente palabras. Por supuesto, cada fenómeno viene acompañado de una cierta emotividad. Eso sí, tan tibia, que uno parece bucear en aguas cristalinas. Tan transparentes como si el cuerpo levitara en la habitación.
Sin tiempo
Los instantes discurren a menudo como el torrente de un río: rápido, imprevisible, veloz. Con violencia, incluso. Golpeteando las piedras como en un maltrato: sin tener en cuenta el alma de la roca, si la tuviera (¿acaso el animismo no danza a veces con la intuición?). El dolor añadido, por supuesto, es desear que las cosas sean de otra manera. Sin embargo, nos adentramos en tiempos cada vez más veloces, y luchar porque esto sea distinto es pelearse con el cielo porque cambie su tono azul.
Espaciosidad
Cada instante es creado, nuevo y sangrante, feroz y bendecido, amoroso y terrible, infantil y anciano, temeroso y valiente.
Sin aliento
Sin aliento. Es lo que nos ha tocado. A los que comenzamos a peinar canas nos chocaba una carrera que quizás has presenciado: la de esas personas que parecían pugnar por “quién lo pasaba peor”. ¿Cuál es nuestra competencia? Quién tiene menos tiempo, quién más faena, quién da más vueltas sin sentido en la rueda del ratón.
Florecer tras la podredumbre
Es importante acostumbrarse a morir. Esto es, dejar que te arrase una apisonadora y saber que, momentos después, te sacudirás el polvo y emergerás de la tierra, como si nada hubiera sucedido. Siempre renacemos…
Premura
La impaciencia se siente, sobre todo, en el cuerpo. Es una suerte de premura que nace de una insatisfacción profunda: esto que hay ahora no es suficiente, no basta, no es importante. Lo curioso es que así es todo el flujo de la existencia —a excepción de los rayos fulgurantes de orgasmos ciertos, metafóricos y figurados—. Por lo general, el instante presente puede ser tildado de insulso, intrascendente, anodino, agotador. Y, sin embargo, es la consciencia la que transforma.
Presunta normalidad
Hay momentos en los que uno se pregunta, ¿por qué escribir? Si nada sucede digno de mención —tremenda expresión—, si el tiempo se desliza como por una ladera tan suave como imperceptible, si hay hasta placer, pero tan sutil que podría pasar inadvertido.
La magia está en la mirada. En la atención que se torna granular, que ahonda en los detalles, que vagamundea con curiosidad de niño.