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Ciruela de plenitud
Ciruela de plenitud
estalla en sabor
fuera del tiempo
piel de brillo y terciopelo
cubierta suave, impecable
trazada de herida
ombligo anaranjado
pulpa que pugna
por rasgar la piel
Minucias y completitud
Las minucias parecen opuestas a la completitud. Por eso a veces exasperan. Nacidas del deseo legítimo de control —vivimos en un mundo pétreo y lleno de asperezas, que escapa al dominio de la mente predadora— lo cierto que la atención a las minucias convierte el entorno en manejable, cómodo, vivible. Nos transporta al confort de los animales estabulados: un tiempo de recuperación, un regodeo en los placeres sencillos, una ausencia de búsqueda de parajes más verdes, un espacio entre el sudor del esfuerzo y el hambre de la carencia.
Presunta normalidad
Hay momentos en los que uno se pregunta, ¿por qué escribir? Si nada sucede digno de mención —tremenda expresión—, si el tiempo se desliza como por una ladera tan suave como imperceptible, si hay hasta placer, pero tan sutil que podría pasar inadvertido.
La magia está en la mirada. En la atención que se torna granular, que ahonda en los detalles, que vagamundea con curiosidad de niño.
Primavera agostada
Camino entre las arboladas de un pequeño rincón sombreado en los Montes de Toledo. La primavera muestra, cansada, atisbos de sus esplendor.
Destellos en la negrura (presencia)
Un “juego” literario y una de los ejercicios creativos que más disfruto es mostrar, a través de la escritura, como cada momento, por romo que parezca, es único, especial, distinto y dotado de la posibilidad de ser amado. Hay una forma sencilla de hacerlo: visualiza ahora el futuro y nota cómo esta circunstancia, con toda seguridad, un día no existirá. Este momento, quizá, cobre entonces una nueva dimensión
Aire fresco (en el edificio dormido)
Aire fresco penetra / tras los cristales / del edificio dormido.
La misión despierta, levemente, / los corazones ausentes.
Todos contemplando, en lo hondo, / el recuerdo que anhelan.
Un trueno en el espacio
La luz ocre de la noche/empapa la habitación dormida.
El silencio devuelve al mundo/la vacuidad que siempre fue.
Cielo ardiente, mente inquieta (es la atención lo que transforma)
Cuando hablamos de práctica de escritura, como en la vida, tenemos dos opciones: una, actuar desde el mejor estado mental posible y notar cómo el resultado agradece ese equilibrio previo; y dos, actuar —en este caso, escribir— desde la niebla mental. Lo cierto es que es la atención lo que transforma. La vitalidad descansa, o puede descansar, en la escritura misma
Milagro en plata
Una risa cantarina / Una luna que se alzaba / Sus ojos como diamantes / Mis niños, milagro en plata
Nada siento más hermoso / Su voz dulce y lozana, / el fulgor de sus bellos ojos, / el calor que de ellos mana
No parar (en el silencio)
Madreselva frondosa / que te ahuecas / bajo la música de los pájaros
Un ladrido lejano resuena en el espacio
Escribir el ahora
¿Por qué escribir? No creo que haya una respuesta única. A veces me parece que hay demasiado “ruido” y que los espacios de silencio son tan necesarios como nutricios. Sin embargo, la palabra es conexión, es certeza, dinamismo… Las razones para escribir pueden ser infinitas. Aquí van las mías, o algunas de ellas, redactadas a vuela pluma desde la escritura libre