Refugio
Entre apreturas de un reloj aturullado
transcurren los días
que se escapan tras las brumas
de un futuro incierto
—y mejor, aparentemente—
Un futuro vacuo,
invisible pero magnético
Agujero negro
que nos arranca de las garras
del aquí-ahora-así...
(paraíso cierto, pero inestable
escurridizo)
Tan breve como chascar los dedos
Un nirvana manejable
—si eso existe—
¿Por qué huir entonces,
escudada tras el opio
de un cristal espejado?
Ausente, paseando de puntillas
sobre este instante,
el único cierto
no escapando de él, no,
sino del pánico
de afrontar el vacío inerme
Y, sin embargo, ahí está la calma
Arrojar a un lado el deseo
y pulverizarlo
con una atención intensa
Tras las cenizas de la compulsión aniquilada
burbujea la explosión de vida
vibrante, distinta,
como un clamor
Saborear la miel
Suspender el juicio
Indagar
Desechar expectativas
enlutadas
Hacer aquello
que estás llamada a hacer
Permitirte ser
quien estás invocada a ser
(Y la flor se abrió,
al desperezarse al sol,
sin esfuerzo)