Sin aliento
Sin aliento. Es lo que nos ha tocado. A los que comenzamos a peinar canas nos chocaba una carrera que quizás has presenciado: la de esas personas que parecían pugnar por “quién lo pasaba peor”. ¿Cuál es nuestra competencia? Quién tiene menos tiempo, quién más faena, quién da más vueltas sin sentido en la rueda del ratón.
Nos sobrecargamos de exigencias. ¿De dónde parte tanta prisa? La premura no es mala por sí misma. Puede ser juego, exploración gozosa, entusiasmo, simple carrera, exultación. Pero hay otra prisa: la que contrae. Una urgencia que reconcome, como si nos encerrarámos en una caja minúscula y oscura. Hermosas 24 horas que nos son dadas cada mañana y que, en buena mayoría, tiramos a la basura del miedo y la falta de atención.
A veces es difícil bajarnos de ese caballo que cabalgamos tanto tiempo. Otras, tomamos una decisión: actuar de manera más lenta, con más disfrute, saboreando el regalo de los sentidos. Conectar con otro ritmo es posible. Al fin y al cabo, se trata del entorno en el que nuestra genética ha medrado.
La prisa es una lucha en la que solo podemos perder. El antídoto, una decisión: la renuncia. ¿Qué vas a dejar ir? Es decir, qué vas a priorizar. “Solo tienes una vida, y su tiempo es limitado”, escuchas en un susurro ahogado por el apremio. Correr te permite evadir esa certeza, pero el tiempo es como una caja rígida, más que como una tela flexible: no lo podemos estirar. A la vez, es lo único verdadero. En algún momento, nos disolveremos con él.
“Camina como si besaras el suelo bajo tus pies”, decía Thich Nhath Hanh. ¿Y si vivir fuera un transitar en conciencia, una mirada amable, un respirar este aire y beber esta agua saboreando, en presencia, deleitándonos en la fugacidad, en saber que el flujo de la vida es continuo y, a la vez, jamás nos bañaremos dos días en la misma corriente?
La prisa es el castigo de nuestra época. A la vez, es una gran oportunidad. La fricción que causa vivir en carrera constante nos puede despertar a la maravilla del ritmo pausado, a volver a los sentidos. A la conciencia del cambio en la experiencia cuando llevamos atención a lo que sucede.
A esto. Lo que percibes ahora. Lo único que tienes, en realidad —toda la vida, reunida en un instante—.