Escribir el ahora

¿Por qué escribir? No creo que haya una respuesta única. A veces me parece que hay demasiado “ruido” y que los espacios de silencio son tan necesarios como nutricios. Sin embargo, la palabra es conexión, es certeza, dinamismo… Las razones para escribir pueden ser infinitas. Aquí van las mías, o algunas de ellas, redactadas a vuela pluma desde la escritura libre

La escritura puede ser una pretensión fugaz y, por lo demás, inútil, de atrapar la fina lluvia que conforma el momento presente. Pero la lluvia, ya se sabe, termina deslizándose a plomo por el abismo del vacío, como si nada importara, porque nada importa en realidad.

A la vez, todo importa. La magia subyace en esa confluencia inaudita entre las gotas de agua, la luz cegadora del Sol, las células visuales y el cerebro alerta (además del hálito que lo anima). De esa unión azarosa nace, brillante, el arco iris que llena el alma y agita, con pura alegría vibrante, el corazón tembloroso.

Nada importa y, a la vez, esto es lo más valioso: el ánimo que infundimos a la experiencia; el impulso que surge del corazón; la postura con la que afrontamos el mundo. 

Las palabras me ayudan a conectar con una suerte de nobleza interna. Con una joya sentida que relumbra en ocasiones. En otras, la mayoría quizá, me deslizo en mil defectos que no desaparecen. Aprendo a tratarlos con ternura.

Inhalo. Exhalo. El aire seco penetra en las fosas nasales y nos cuenta que cada momento es un regalo. Cada palabra, un hallazgo.

El presente es regalo, claro está, si hay una cierta calma interna. También puede ser lo contrario: una pesadilla. Todo depende de lo que lleves dentro. El cristal, la lente, está en la mirada.

El silencio reina en la casa dormida. El néctar del placer de la escritura se derrama, sin un por qué, sin una finalidad clara. El cansancio no impide que surjan las palabras juguetonas de los dedos desatados.

Escribir ahora. En la escritura sin rumbo está la liberación.

¿Cuál es la finalidad de dejar que los dedos tecleen bajo la pantalla? Reina el silencio en el hogar dormido. Quizá no hace falta nada más que inhalar, exhalar, y habitar este espacio en el que la sombra se desliza sobre la tierra callada, como invitándola al sueño profundo, a limpiarse para, después, llena de energía, comenzar otra vez.

¿Qué apreciamos de este día que ya se disuelve? ¿Qué pasos hemos dado hacia los anhelos más vivos? No nos es dado el derecho al resultado, pero sí el avanzar este preciso paso hacia el rumbo en el que el cuerpo entero vibra, como satisfaciendo una llamada enredada en heridas viejas.

Escribir ahora es una manera de re-conocer la mente deabulante. Incluso, en el espacio más callado, se agita momentáneamente. Desde dentro.

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No parar (en el silencio)